El lavado de cerebros en libertad es más eficaz que en las dictaduras
Noam Chomsky (1928-?) Filósofo norteamericano
No es fácil justificar los criterios que emplean las áreas de procuración e impartición de justicia en Michoacán, a la hora de definir responsabilidades por hechos delictivos que tienen que abordar. Veamos: 23 normalistas fueron detenidos el jueves de la semana anterior por efectivos de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, mientras se trasladaban por la autopista de Occidente en un autobús de la línea Parhikuni, que previamente se habían robado. Muy en su estilo, llevaban secuestrado al conductor. Es decir, imposible describir de mejor manera lo que significa la “flagrancia de delito”.
Y pese a la evidencia, un juez decreta este domingo ejercer acción penal sólo contra dos de los veintitrés normalistas. Todos ellos fueron detenidos con las manos en la masa, en poder del autobús robado, pero sólo dos resultaron responsables, y eso, relativamente, porque ni siquiera fueron requeridos para ir a prisión, desde la comodidad de sus hogares pueden seguir tranquilamente el proceso, que además terminará sin sanción para ellos, porque la Fiscalía Estatal los podrá acusar únicamente de “robo de uso”, esa payasada que se inventaron los diputados michoacanos para asegurarse que maestros o normalistas no vayan a la cárcel cuando se roban un vehículo, sólo con que argumenten que lo necesitaban para trasladarse a determinado lugar, pero que por supuesto no pensaban apropiárselo.
¿Cómo determina el juez abrir proceso a dos normalistas, si los 23 iban exactamente en igualdad de condiciones al momento de la detención?, ¿lo decide al azar?, ¿procesa a dos sólo para taparle el ojo al macho y que no se diga que hay impunidad?
Sin duda, es una manifestación más de la impunidad absoluta de que gozan los delincuentes disfrazados de normalistas, a los cuales el poder público les tiene un pavor que raya en lo obsceno, tanto, que hasta una ley especial hay para ellos, una ley que les garantiza que jamás irán a prisión, como jamás han ido, ni irán.
Procesar a dos de los veintitrés normalistas detenidos arriba de un camión que se han robado y con el conductor al que llevan secuestrado, es una aberración a la justicia. Es la justicia “a la michoacana”, ajustada para aplicarse según la identidad del delincuente. Indignante.
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