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EL CIRCO MAÑANERO

Uno de los más grandes errores es juzgar a los políticos y sus programas por sus intenciones, en vez que por sus resultados

Milton Friedman (1912-2006) Economista norteamericano

 

jaimelopezAlguien debe decirle al presidente López Obrador que, por su propio bien, pero sobre todo por el bien y la salud política del país, sus mañaneras son un espectáculo insostenible ya.

Comenzaron, como todo ejercicio inédito –inédito por su periodicidad- como un enorme atractivo. Obligaban la atención de aplaudidores y opositores: el dicho de un presidente siempre marcará agenda.

Pero como no hay presidente en el mundo que tenga tema diferente y trascedente para pararse frente a un micrófono y hablar en público por dos horas un día sí y el siguiente también, máxime si encabeza un gobierno que tiene cuatro temas básicos: programas sociales, Dos Bocas, Tren Maya y Santa Lucía, pues rápidamente se le acabó el parque a López Obrador, y tuvo que echar mano del peleador callejero que lleva dentro, el del descontón traicionero, y enderezó baterías contra sus propios molinos de viento: los conservadores, los corruptos, los fifís. Oposición, empresarios y medios de comunicación, sus preferidos para ejercitarse.

Con el paso del tiempo, fue tal el desgaste, que los altos niveles de audiencia que en un principio generaron sus mañaneras, pronto cayeron a la par de su aprobación. Las cantaletas de siempre, los arrebatos de siempre, las afrentas y las mentadas de madre de siempre, terminaron por volver esas dos horas tan inútiles como contraproducentes y peligrosas en términos de la estabilidad social.

La pandemia del Covid 19 pudo, paradójicamente, ser coyuntura para darle un sentido más sensato a las mañaneras, de haberse aprovechado para mantener al momento la información sanitaria de utilidad para los mexicanos. Pero lejos de eso, López Obrador prefirió darle su hora de fama al subsecretario Hugo López Gatell, pero por las noches en su propia conferencia, antes que ceder su tribuna a nadie.

Y ni hablar del espectáculo montado por Comunicación Social, con patiños y payasos haciéndose pasar por periodistas, para salir al quite cuando hubiera algún tema incómodo u hostil hacia el presidente. Cada vez son más los payasos que los periodistas de verdad.

Y ni hablar también de los dislates propios de quien sin la preparación debida habla y habla como demente durante dos horas días.

Cierto, el acaparar micrófonos es propio de los dictadores. No es la excepción el caso López Obrador, por supuesto, pero ya el ejercicio se volvió insostenible, muchas veces de risa loca, más digna de análisis por un siquiatra que por periodistas.

En estricto sentido no hay un solo argumento válido que justifique las mañaneras a estas alturas, cuando ya se volvieron no un referente que marca agenda, sino un auténtico circo. Por salud de todos, empezando por López Obrador, deben suspenderse. Veremos.

twitter@jaimelopezmtz jaimelopezmartinez@hotmail.com

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