Todo el estudio de los políticos se emplea en cubrirle el rostro a la mentira para que parezca verdad, disimulando el engaño y disfrazando los designios
Diego de Saavedra Fajardo (1584-1648) Escritor español
Tiene razón Jorge Álvarez Banderas cuando cuestiona la validez constitucional de la renuncia presentada por Eduardo Medina Mora y, sobre todo, la aceptación a la misma del presidente López Obrador.
Y es que, en efecto, la propia Carta Magna, en su artículo 98, establece que sólo por “causas graves” procederá la renuncia de un ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Y resulta que Medina Mora no realizó el menor esfuerzo en justificar su renuncia con algo siquiera parecido a una “causa grave”, dado que simplemente se concretó a informar al presidente su decisión de separarse de su cargo de Ministro del Poder Judicial.
Y como claramente a López Obrador le urgía que Medina entregara esa silla en la Corte, para ir copando a ésta con gente leal a él, pues no puso objeción a la renuncia. Se apresuró a aceptarla y a ordenar a la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, que también sin dilación informara al Senado que había aceptado la separación de Medina Mora, para iniciar los trámites para designar a su sustituto.
No parece haber la menor duda de que la salida de Medina del Poder Judicial es producto de una negociación con el gobierno lopez obradorista: éste maniobrará para que la Fiscalía General de la República no avance en las investigaciones en contra de aquel por enriquecimiento ilícito, y él deja vacante la silla para que la ocupe el presidente López con un afín, con un ministro carnal, pues.
Pero un análisis siquiera somero, deja en claro que la renuncia es absolutamente impugnable, lo mismo que la aceptación presidencial, por el simple hecho de que en ninguna parte hay el menor asomo a una “causa grave”. Vaya, Medina pudo haberse acogido a la justificación de una enfermedad, que en parte sería fundada, al menos para acercarse a una barnizada de apego a la ley, pero la mejor prueba de que se trata de una acción negociada al más alto nivel, es que no tuvo necesidad de ser cuidadoso ni pulcro en ese tema, seguro de que no el presidente no reparará en esa “minucia”.
Pero quien sí repare en ella y acuda a la propia Corte a presentar un amparo, es altamente probable que meta a Medina y al propio López Obrador, además del Senado, en tremendo lío, porque en teoría debe ganar el recurso con facilidad, sobre todo si es alguien afectado con la renuncia del ministro, porque en su Sala se estuviera ventilando algún caso.
Es lo grave de negociar impunidad y luego ni siquiera cuidar las formas a la hora de materializar dicha negociación. Álvarez Banderas es un apasionado de esos temas y anuncia que interpondrá un amparo. Por el bien de la legalidad, espero que lo gane, aunque no confío en ello, porque esto es México. Veremos.
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